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Champú y gel para bebés

La hora del baño es de los momentos más importantes del día. La higiene es fundamental para mantener a nuestro bebé protegido de los contaminantes externos, generarle una sensación de relajación y de paso que se divierta con el agua. Pero no todos los geles sirven para un bebé. Te dejamos nuestra catálogo cuidadosamente seleccionado y algunos consejos de compra.

Gel para bebés

Los bebés tienen la piel sensible, mucho. Incluso aquellos que no tienen hipersensibilidad dermatológica. En comparación con un adulto claro. Por eso es necesario una serie de geles especiales. El sistema inmune de nuestro pequeño aún no se encuentra del todo formado, por lo que su piel carece de la defensa natural contra algunos químicos y componentes habituales; por lo que las reacciones alérgicas o el rechazo en forma de costra o quemazón es habitual si no tenemos cuidado. Eso no quiere decir que los geles de bebé sean menos efectivos o que los de adulto sean nocivos; los químicos de los geles de adultos son muy útiles y recomendables pero demasiado potentes.

Cómo distinguir el mejor gel para recien nacido

Siempre tendremos que consultar a un especialista, como el pediatra. Hay varios aspectos que podemos controlar, como la composición, los agentes aromatizantes o la cantidad de aplicación. Pero otros, como la sensibilidad en la piel de nuestro bebé no podremos saberlo hasta que no se nos indique. Ante caso de duda, consulta siempre a un experto antes. Pero para aclarar algunos conceptos, te dejamos en qué deberías fijarte de forma general.

Sensibilidad de la piel

Los bebés siempre van a tener la piel sensible (o piel reactiva), pero el nivel de sensibilidad debe marcarlo el pediatra, que normalmente estará en el nivel estándar. En el caso de las pieles más sensibles es muy recomendable usar un gel hipoalergénico, ya que reduce mucho la posibilidad de reacción adversa. Otros trucos como la temperatura del agua al mismo nivel que la piel o la dosificación del gel tratando de conseguir la máxima limpieza con la mínima cantidad de gel también son muy recomendables. En el caso de los problemas más severos, será necesario recurrir a un gel especial para cada tipo de sensibilidad, ya que seguramente estemos ante cuadros crónicos o de enfermedad. En esos casos, el propio pediatra te recomendará que jabón especializado es el adecuado. Otra formas de denominar a la piel sensible a parte de reactiva es hiperexcitable, en el caso de que la etiqueta utilice algún nombre alternativo.

Espuma

La espuma y como la crea el gel es importante. No solo es divertida, sino que la espuma ayuda a que el cuerpo del bebé se lave desde la bañera sin necesidad de que tengamos que estar continuamente usando friegas en la piel, que puede irritarla; además la espuma permite aplicar los químicos de forma mucho más homogénea y no tan invasiva como la aplicación directa, aunque se tarda más tiempo. Sin embargo, las espumas son provocadas por químicos que en el caso de los más espumosos son perjudiciales. En las primeras fases, sobre todo en un gel de recién nacido, es aconsejable recurrir a jabones poco espumosos y a masajear su cuerpo con el jabón para limpiar. Superado los ochos meses y el año de vida, podemos introducir los jabones más espumosos, que hará las delicias de nuestro pequeño en el baño sin necesidad de juguetes.

Olor

¿El olor es malo? En sí mismo no, claro. Pero al igual que con la espuma es provocado por químicos. Incluso los más naturales usan los propios químicos y extractos de los diversos aromas, por lo que pueden perjudicar la piel. No es aconsable usar jabones olorosos en bebés recien nacidos, ya que pueden alterar la química de la piel (sobre todo en la cabeza, donde pueden presentar costras lácteas). Existen soluciones alternativas como colonias, aguas de baño aromatizadas o detergentes olorosos que pueden provocar el mismo efecto. Los bebes en general tienen muy mal olfato, por lo que su propio olor no es algo determinante para ellos. Pero siempre querremos que huelan lo mejor posible, solo faltaría.

Composición

En general a parte del olor y la espuma, que son dos efectos visibles de los químicos, el resto no tienen una manifestación claro. Debemos consultar a nuestro pediatra sobre posibles componentes, testear alergias en entornos controlados y controlar las reacciones de nuestro bebé. Si nuestro pequeño no sufre un caso claro de hipersensibilidad o piel reactiva, en general va a poder usar sin problemas la mayor parte de los geles y champús. Pero eso no significa que no debemos interesarnos por lo que contienen. Puede que no le provoquemos una reacciçon alérgica, pero si un leve picor en la piel que le incomode. Comprueba si los componentes son hipoalergénicos y ajusta su composición a la que mejor funcione con el peque. Para cualquier duda, consulta siempre a un especialista.

¿Cuándo usar champú para bebés?

Es obvio que la mayor parte de los bebés no tienen pelo. Así que no necesitan champú. Es así de simple. Salvo que tenga una gran mata de pelo, no deberemos preocuparnos demasiado ya que no habrá necesidad de usar productos diferenciados. Eso sí, la piel de la cabeza del bebé es más fina que, por ejemplo, la del estómago; por lo que puede suceder que el gel que usemos para el resto del cuerpo no funcione en la cabeza; pero no es habitual. Salvo el grosor de las capas superficiales en términos de grasas, composición y posibles reacciones es lo mismo. ¿Es necesario usar champú? En general no, pero cada caso tiene que ser consultado por separado con un especialista.

Costra láctea en recién nacidos

La costra láctea (o dermatitis seborreica del lactante) es lo que en un niño mayor, adolescente y adulto llamaríamos caspa. Son pequeñas escamas de color blanco o amarillo secretadas por la piel que puede estar presente en partes localizadas de la cabeza o en todo el cuero cabelludo. Es muy habitual en recién nacidos y suele permanecer hasta los tres años de edad, momento en el que inicia una rápida desaparición. No es indicativo ni de enfermedad, ni falta de higiene. Pero si por motivos estéticos quiere retirarla, deberá usar un champú especial para lactantes, que aplicado con un muy suave masaje retirará las escamas. También es posible retirarlas con una toallita húmeda, en el caso de que no quieras usar un champú para bebés.